El satélite

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El satélite

Muy lejos, en medio del espacio, vivía Tomy, el satélite, en una estación espacial. Tenía muchos amigos que también vivían allí, como las naves espaciales, los androides y los robots. Un día que Tomy, en su vuelo, pasó muy cerca de la terminal de carga interestelar, vio a su amigo Brúñete, la unidad de radar, junto a un cargamento, con aire triste y afligido.

—¿Qué pasa, Brúñete?

—Ay, Tomy, ¿no sabes la noticia? Quieren deshacerse de mí porque soy demasiado viejo. Van a quitarme el morro y emplearme como tapadera del cubo de la basura en la cantina espacial.

— ¡Es terrible, Brúñete! Hay que impedirlo.
Tomy siguió su ronda pensando en la desgracia de Brúñete, cuando al sobrevolar una luna cercana, vio algo que le llamó la atención. Parecía una nave espacial forastera. Descendió para investigar y se encontró con un cohete de gran tamaño, abollado, llorando en un rincón de un cráter.

— Disculpe usted, pero ¿por qué llora?

El maltrecho cohete miró a Tomy con los ojos llenos de lágrimas.

—Me he perdido. No sé regresar a casa. —¿Pero qué le ha pasado? Está lleno de abolladuras.

El cohete relató a Tomy su historia:

— Hace un par de semanas salí en misión hacia un lejano puerto espacial. Durante el viaje fui atacado por una banda de meteoritos que me golpearon y aflojaron mis tuercas y tornillos.

el-satelite-2Pero lo peor es que me robaron mi unidad de radar y ahora estoy perdido. ¡Nunca volveré a encontrar el camino de mi casa! —Caramba, qué mala suerte tienen hoy todos. En esto se le ocurrió a Tomy una gran idea.

Llamó por su radio a la abuela computadora, que era muy vieja y sabia y vivía en la estación espacial.

—Tomy llamando a la abuela, Tomy llamando a la abuela, ¿me recibes? Cambio.

—Abuela a Tomy, te recibo claro, cambio.

— Estoy en la luna TL57 y he encontrado a un cohete accidentado.

Tomy contó a la abuela su plan.

—Me parece una excelente idea, Tomy.

Te la haré llegar con Lineo, que era una nave de enlace. Cambio y cierro.

Unos minutos más tarde se oyó un potente silbido y Tomy voló para recibir a Lineo.

— Hola, Lineo, ¿la has traído?

el-satelite-3La nave de enlace abrió una escotilla y sacó una unidad de radar, vieja pero segura. —Hola, Tomy —saludó Brúñete, sonriendo.

Tomy comenzó a acoplar el radar al cohete. Apretó y apretó hasta que Brúñete soltó un grito de protesta. De pronto sonó un chasquido y Brúñete quedó encajado.

—Ya está —dijo Tomy.
—¡Gracias! Ahora podré regresar a casa. —Y yo no me convertiré en tapadera de un cubo de basura —dijo Brúñete. Entonces, con un gran estallido, el cohete surcó el espacio con la ayuda de Brúñete.

 

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