Cuentos

 Alibaba y los 40 ladrones
 Bambi
 Barba azul
 Blancanieves
 Buen humor
 Caperucita roja
 Cuento de navidad
 Debajo un botón
 El acertijo
 El ángel
 El arbol de los zapatos
 El burro enfermo
 El canal de Simón
 El caracol y el rosal
 El duende de la tienda
 El enano saltarín
 El error de Amadeo
 El escondite de Cristina
 El espantajo peludo
 El extraño viaje de Narana
 El flautista de Hamelin
 El gato con botas
 El genio y el pescador
 El gigante egoísta
 El hada muérdago
 El hombre de nieve
 El león y el ratón
 El lobo y las 7 cabritillas
 El mago Merlín
 El niño que quería un arco iris
 El ogro del bosque
 El oso manso
 El patito feo
 El ratoncito Pérez
 El rey rana
 El sastrecillo valiente
 El señor tigre
 El soldadito de plomo
 El tesoro perdido
 El traje del emperador
 El zorro glotón
 Gabolino, el gato embrujado
 Gobolino, el gato aventurero
 Gobolino, el gato del caballero
 Gobolino, el gato faldero
 Grinda, la ranita nadadora
 Hansel y Gretel
 Hijo del Sol
 Juan sin miedo
 La bella durmiente
 La bella y la bestia
 La cenicienta
 La cigarra y la hormiga
 La gallina roja
 La hucha
 La hucha voladora
 La liebre y el erizo
 La liebre y la tortuga
 La luna y el lago
 La navidad de Papa Noel
 La oca de oro
 La pastora y el deshollinador
 La perla del dragón
 La princesa de la lluvia
 La princesa y el frijol
 La princesa y el guisante
 La ratita presumida
 La sirenita
 La vendedora de cerillas
 La zorra y el cuervo
 Las habichuelas mágicas
 Las mejores amigas
 Las tres hilanderas
 Los 12 hermanos
 Los 3 cerditos
 Los cisnes salvajes
 Los dos hermanos
 Los duendes y el zapatero
 Los gorros colorados
 Los músicos de Bremen
 Melisa
 Palitroque
 Palitroque y la caravana mágica
 Peter Pan
 Piel de asno
 Pinocho
 Pulgarcito
 Rapunzel
 Ricitos de oro
 Simbad el marino
 Tamboril y el Gitano
 ¡Baila, muñequita!
 Como escribir un cuento

Pinocho

Hace mucho tiempo, un carpintero llamado Gepeto, como se sentía muy solo, cogió de su taller un trozo de madera y construyó un muñeco llamado Pinocho.

–¡Qué bien me ha quedado! –exclamó–. Lástima que no tenga vida. Cómo me gustaría que mi Pinocho fuese un niño de verdad. Tanto lo deseaba que un hada fue hasta allí y con su varita dio vida al muñeco.

–¡Hola, padre! –saludó Pinocho.
–¡Eh! ¿Quién habla? –gritó Gepeto mirando a todas partes.
–Soy yo, Pinocho. ¿Es que ya no me conoces?
–¡Parece que estoy soñando! ¡Por fin tengo un hijo!
Gepeto pensó que aunque su hijo era de madera tenía que ir al colegio. Pero no tenía dinero, así que decidió vender su abrigo para comprar los libros.

Salía Pinocho con los libros en la mano para ir al colegio y pensaba:
–Ya sé, estudiaré mucho para tener un buen trabajo y ganar dinero, y con ese dinero compraré un buen abrigo a Gepeto.
De camino, pasó por la plaza del pueblo y oyó:

–¡Entren, señores y señoras! ¡Vean nuestro teatro de títeres!
Era un teatro de muñecos como él y se puso tan contento que bailó con ellos. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que no tenían vida y bailaban movidos por unos hilos que llevaban atados a las manos y los pies.

–¡Bravo, bravo! –gritaba la gente al ver a Pinocho bailar sin hilos.
–¿Quieres formar parte de nuestro teatro? –le dijo el dueño del teatro al acabar la función.
–No porque tengo que ir al colegio.
–Pues entonces, toma estas monedas por lo bien que has bailado –le dijo un señor.
Pinocho siguió muy contento hacia el cole, cuando de pronto:

–¡Vaya, vaya! ¿Dónde vas tan deprisa, jovencito? –dijo un gato muy mentiroso que se encontró en el camino.
–Voy a comprar un abrigo a mi padre con este dinero.
–¡Oh, vamos! –exclamó el zorro que iba con el gato–. Eso es poco dinero para un buen abrigo. ¿No te gustaría tener más?
–Sí, pero ¿cómo? –contestó Pinocho.
–Es fácil –dijo el gato–. Si entierras tus monedas en el Campo de los Milagros crecerá una planta que te dará dinero.
–¿Y dónde está ese campo?
–Nosotros te llevaremos –dijo el zorro.

Así, con mentiras, los bandidos llevaron a Pinocho a un lugar lejos de la ciudad, le robaron las monedas y le ataron a un árbol.

Gritó y gritó pero nadie le oyó, tan sólo el Hada Azul.

–¿Dónde perdiste las monedas?
–Al cruzar el río –dijo Pinocho mientras le crecía la nariz.

Se dio cuenta de que había mentido y, al ver su nariz, se puso a llorar.

–Esta vez tu nariz volverá a ser como antes, pero te crecerá si vuelves a mentir –dijo el Hada Azul.

Así, Pinocho se fue a la ciudad y se encontró con unos niños que reían y saltaban muy contentos.

–¿Qué es lo que pasa? –preguntó.

–Nos vamos de viaje a la Isla de la Diversión, donde todos los días son fiesta y no hay colegios ni profesores. ¿Te quieres venir?

–¡Venga, vamos!

Entonces, apareció el Hada Azul.

–¿No me prometiste ir al colegio? –preguntó.

–Sí –mintió Pinocho–, ya he estado allí.

Y, de repente, empezaron a crecerle unas orejas de burro. Pinocho se dio cuenta de que le habían crecido por mentir y se arrepintió de verdad. Se fue al colegio y luego a casa, pero Gepeto había ido a buscarle a la playa con tan mala suerte que, al meterse en el agua, se lo había tragado una ballena.

–¡Iré a salvarle! –exclamó Pinocho.

Se fue a la playa y esperó a que se lo tragara la ballena. Dentro vio a Gepeto, que le abrazó muy fuerte.

–Tendremos que salir de aquí, así que encenderemos un fuego para que la ballena abra la boca.

Así lo hicieron y salieron nadando muy deprisa hacia la orilla. El papá del muñeco no paraba de abrazarle. De repente, apareció el Hada Azul, que convirtió el sueño de Gepeto en realidad, ya que tocó a Pinocho y lo convirtió en un niño de verdad.