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Posted by on Oct 24, 2016 in Cuentos |

La nutria Lutra

la-nutria-lutraLutra se despertó con la certeza de que aquél iba a ser un día muy especial. Por un momento no supo por qué, mas en seguida lo recordó: aquel día iba a darse su primer baño.

Hacía varios días que Lutra deseaba seguir a su madre cuando ésta se lanzaba directamente de su madriguera al río. La madriguera estaba construida en las raíces de un árbol que crecía en la ribera de un río. Aquél había sido el hogar de Lutra desde el día que nació, casi tres meses antes. De pequeñita no podía ver, y se contentaba con quedarse hecha un ovillo en su confortable lecho de ramas, cañas y hierbas. Mas tan pronto como pudo caminar, sintió deseos de explorar el mundo exterior.

Pronto descubrió que la madriguera tenía más de una salida. Como no podía seguir a su madre por la salida que había bajo el agua, trepaba hasta un agujero que había en el árbol. Desde allí se encaramaba a las ramas o se deslizaba hasta el suelo, donde podía jugar con piedrecitas, plumas y huesos.

la-nutria-lutra-2En una ocasión se había encontrado a un cangrejo de río muerto entre unas rocas en la orilla del río. Estuvo un rato jugando con él y luego quiso imitar a su madre cascando el caparazón con sus afilados dientes. Pero sus mandíbulas no eran lo bastante fuertes y lo escupió entre sorprendida y defraudada.

El gran día de su primera salida Lutra no quería comer nada, sino que lo único que le importaba era meterse en el agua. Esperaba no tener que aguardar mucho rato a que regresara su madre, que había salido de pesca temprano. Cada vez más impaciente, se sentó sobre sus cuartos traseros y observó el río desde el agujero del árbol.

Al principio no vio nada que llamara su atención. De repente, hubo un destello naranja y azul y pasó volando un martín pescador con un pescado agitándose en su pico. Momentos después, la madre de Lutra apareció en la superficie del agua. Echó un vistazo a su alrededor, aspiró profundamente, flexionó sus patas traseras y su cola, y se zambulló en el río, dejando como único rastro un rosario de burbujas.

la-nutria-lutra-3Lutra no podía esperar un segundo más. Chillando muy excitada, bajó del árbol y corrió a la orilla del río. Permaneció en los bancos de arena, jugando con las piedras y la espuma.

Luego tuvo una idea mejor. ¡Nadaría río adentro para reunirse con su madre! Aunque todavía era muy pequeña para nadar bajo el agua, estaba convencida de lograr nadar, siempre que permaneciera en la superficie.

Lutra se adentró en el agua hasta que casi no tocaba tierra. Entonces, moviendo sus cuatro patas en todas direcciones, empezó a nadar.

Aquello era mucho más difícil de lo que había creído. Parecía existir una fuerza en el río que la impulsaba lejos de su madre y de su casa.

Por más que se esforzaba, ¡no podía nadar contra ella! Pronto se sintió agotada y experimentó un momento de pánico. ¿Qué le estaba sucediendo? ¿Cómo alcanzar sana y salva su madriguera? ¿Dónde estaba su madre?

Lutra notó que se hundía y lanzó un grito de terror. En esto apareció su madre en la superficie junto a ella.

—Estáte quieta —le dijo con firmeza—, y nada te ocurrirá.

Y sosteniendo a Lutra en su boca, nadó con ella hasta la ribera.

Una vez en tierra firme, Lutra se echó a temblar.

la-nutria-y-su-mama—No has estado en el agua el tiempo suficiente para coger frío —dijo su madre—. Eres muy traviesa y te has llevado un buen susto. Olvídate de eso y haz lo que hacen todas las nutrias después de darse un baño: rueda por la hierba para secarte.

Lutra hizo lo que le indicó su madre; por fin sintió que se hacía mayor. Muy pronto sabría nadar lo suficiente para seguir a su madre cuando ésta iba de pesca.

Cuando Lutra estuvo completamente seca, su madre sintió hambre y dijo:

—Iré a pescar algo para comer, pero antes quiero asegurarme de que no te metes en más líos. Volverás conmigo a la madriguera y me esperarás allí mientras yo voy de pesca.

Lutra estaba demasiado fatigada para ponerse a discutir, de modo que regresó a la madriguera y cerró los ojos.

No supo cuánto tiempo había estado dormida cuando de pronto la despertó un sonoro gruñido. Era un sonido bien distinto de todos los que había escuchado hasta entonces. Se incorporó y miró por el agujero del árbol.

la-nutria-y-el-perroPero lo único que vio fue una pareja de cisnes que nadaban indolentes en la orilla del agua. “No han sido esos los que han hecho ese ruido”, pensó. Conque se deslizó hasta unas zarzas que había en la orilla para ver mejor. El extraño ruido volvió a producirse, esta vez muy cerca. Era como un gruñido profundo. Levantó la vista y contempló horrorizada un rostro negro y reluciente, con un par de ojos, una nariz y una boca. Pero su cabeza parecía demasiado grande en comparación con el resto de su cuerpo, y a ambos lados de la misma le crecían dos curiosos apéndices. Era un perro.

El perro adelantó el morro y volvió a soltar un gruñido. Lutra intentó retroceder, pero quedó prendida en las zarzas y no pudo moverse.

En esto se oyó un ruido que fue ganando intensidad hasta convertirse en un alarido de furia. Alarmado, el perro se volvió y topó con el semblante feroz de la madre de Lutra. Esta no era ni la mitad de grande que el perro, pero estaba que echaba chispas.

Se incorporó sobre sus cuartos traseros, y mostrando sus dientes, se abalanzó sobre el cuello del perro. Este lanzó un aullido mezcla de dolor y sorpresa cuando los dientes de la nutria se hincaron en su pescuezo. Entonces oyó silbar a su amo y salió corriendo para reunirse con él.

colorin-colorado-fin-cuentoLa madre de Lutra dio un suspiro de alivio, pues sabía que se había salvado por los pelos.

—No podemos quedarnos aquí —le dijo a Lutra—. Debemos buscar otra madriguera.

Cuando el sol comenzaba a declinar, Lutra y su madre partieron a campo traviesa en busca de un nuevo hogar. Las primeras experiencias de Lutra en el mundo exterior habían terminado. La vida le depararía otras muchas sin duda.