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Posted by on Abr 16, 2017 in Cuentos |

La cenicienta

La cenicienta

Había una vez un mercader que tenía una hija, sus padres la adoraban, sobre todo porque era muy buena y amable con todas las personas. El mercader viajaba por todo el reino, y en los mercados de todos los pueblos y ciudades adoraban a su hija, ella era muy agradable con todas las personas.

Un día se murió la esposa del mercader y éste , para que su hija no estuviera sola en las ausencias durante sus largos viajes, y sin fijarse mucho en que tipo de persona era, se casó con una señora viuda que tenía dos hijas. Como el mercader siempre estaba viajando su hija tenía que quedarse en la casa con su madrastra y sus nuevas hermanas.

Ni la nueva esposa del mercader ni sus hijas querían a la otra niña. Por eso la obligaban a hacer los trabajos más pesados de la casa.

Como la hacían dormir entre la ceniza de la cocina, la llamaron Cenicienta.

Un día el Rey del país celebró un gran baile y mandó invitaciones a todas las jóvenes del Reino.

Las hermanas de Cenicienta se hicieron preciosos vestidos y dijeron:

-El principe se casará con una de nosotras.

Cenicienta le preguntó a su madrastra:

-¿Podré ir yo al baile también?

-Así será si realizas todas tus tareas.

Pero la madrastra no quería que la cenicienta fuera al baile porque era mucho más bonita que sus hijas.

El día del la fiesta mezcló un saco de lentejas con ceniza y mandó a su hijastra que las limpiara.

Si terminas a tiempo, vendrás con nosotras.

Ella sabía muy bien que Cenicienta no podría hacerlo y tendría que pasarse toda la noche en la cocina.

Cuando se hizo la hora se fueron todos y dejaron a Cenicienta solita en la cocina.

Cenicienta se puso a llorar y llamó a su madrina, que era un Hada.

-¿ Por qué lloras, preciosa?- le dijo el Hada

-Porque me gustaría ir al baile del Rey y se han ido sin mí.

-Eso tiene arreglo.

El Hada  sopló las lentejas y éstas en un momento, quedaron completamente limpias y sin sombra de ceniza.

-Ahora te toca a ti, querida ahijada.

La tocó con su varita mágica y al instante quedó Cenicienta vestida toda de oro.

Cenicienta estaba tan  sorprendida que no se atrevía a moverse ni a respirar. Le parecía estar soñando.

-Ahora necesitas un carruajes adecuado que te lleve a palacio al instante.

El hada conviertió un calabaza en una carroza ayudada por su madrina. Ésta la beso en la frente con mucho cariño y le dijo:

Ve al baile. Pero acuérdate de volver antes de que den las doce de la noche, pues a esa hora toda mi magia desaparecerá.

El príncipe bailó toda la noche con Cenicienta porque era la más simpática y bonita de todas las invitadas.

Su madrastra y hermanas decían sin reconocerlas:

-¿Quién será esta princesa tan guapa?

Empezaron a dar las campanadas de las doce y Cenicienta se marchó corriendo.

Tan deprisa iba que perdió uno de los zapatitos de cristal que llevaba.

El principe lo encontró y dijo:

-Me casaré con la muchacha a la que le vaya bien este zapatito.

Los pajes del Príncipe recorrieron todo el Reino sin que encontraran a la dueña del zapatito.

También fueron a casa de Cenicienta , pero a las dos hermanas no les iba bien el zapato.

-¿ No hay en esta casa ninguna otra muchacha?- preguntaron los criados.

-Sólo Cenicienta- contestó- la madrastra-. Pero Cenicienta no es la dueña del zapatito.

-¿Quíen es Cenicienta?

Es mi hijastra. Una muchachita fea y sucia que siempre va cubierta de ceniza.

Que venga Cenicienta – dijeron los criados.

La madrastra no la quería llamar y los servidores del Príncipe, ni cortos ni perezosos, se fueron a la cocina.

 

Tenemos la orden de probar el zapato a todas las jóvenes del Reino y nadie podrá decir que no obedecemos puntualmente las órdenes de nuestro señor.

El zapato le iba bien a Cenicienta y los criados del Príncipe se pusieron muy contentos. El hada apareció y le puso a Cenicienta el vestido de oro . Entonces las hermanas y la reconocieron en Cenicienta a la princesa del baile.

El Príncipe y Cenicienta se casaron y fueron muy felices. Y el zapatito de cristal lo pusieron en una vitrina, en la sala mejor del palacio.