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Posted by on May 30, 2017 in 4-6 años, 7-12 años, Cuentos |

Caperucita Dorada

Caperucita Dorada

Conoces la historia de la pobre Caperucita Roja, que el lobo engañó y devoró, con su pastel, su mantequilla y su abuela. Bueno, la verdadera historia sucedió de manera muy diferente. Y en primer lugar la niña se llamaba y todavía se llama Caperucita Dorada.

En segundo lugar, no era ella, ni la buena de su abuela, sino el lobo malvado quien al final, fue atrapado.

La historia real empieza casi como el cuento que ya conoces.

Había una vez una pequeña campesina, que era la más bonita del lugar. Su verdadero nombre era Blanchette, pero a menudo se la llamaba Caperucita Dorada, a causa de un maravillosa capa con capucha dorada que siempre llevaba puesta. Esta pequeña caperuza se la regalo su abuela, que era tan vieja que no conocía su edad; Debía traerle suerte, pues estaba hecha de un rayo de sol, dijo ella. Y como la anciana era considerada una bruja, todo el mundo pensaba que la pequeña caperuza también estaba embrujada.

Y así fue, como usted verá más adelante.

Un día la madre le dijo a la niña:

“Veamos, Caperucita Dorada, ¿Conoces el camino que lleva hasta donde vive tu abuela?

Si es así, le llevarás este buen pedazo de pastel a tu abuela el domingo por la mañana. Pregúntale como está y vuelve de inmediato sin detenerte a charlar por el camino con gente que no conoces.

-Claro mama, lo entiendo -dijo alegremente Blanchette-. Y se fue con el pastel, muy orgullosa de su misión.

Pero la abuela vivía en otro pueblo, y había un gran bosque que había que cruzar antes de llegar allí.

Caperucita Dorada inicio el camino de inmediato para que no se le hiciera de noche antes de llegar.

Pero en las sombras del bosque se escondía un malvado lobo, que la empezó a vigilar desde el mismo momento que inicio su caminio, y espero hasta un claro del bosque, para atacarla, cuando ya estaba dispuesto a devorarla vio que algunos leñadores que trabajaban en el bosque lo estaban observando, y cambio el ataque por una conversación:

Hola preciosa niña, como te llamas? – dijo el lobo.

Quien eres- dijo Caperucita Dorada

Soy tu amigo el lobo, ¿adónde vas por este camino?

Voy a visitar a mi abuela, y le llevo un gran trozo de pastel.

-¿Y dónde vive, tu abuela?

Vive en el otro lado del bosque, en la primera casa del pueblo, cerca del molino de viento, ¿conoces el lugar?

-¡Ah, sí, lo conozco! -dijo el lobo-. -Bueno, me adelantaré y le diré a tu abuela que vas a visitarla y así te esperará. “

Entonces el lobo a través de un atajo del bosque llegó en cinco minutos a la casa de la abuela. Golpea a la puerta: toc, toc.

No obtiene respuesta.

Golpea más fuerte.

No le contesta nadie.

Luego se pone de pie, pone las dos patas delanteras en el pestillo y abre la puerta. No hay nadie en la casa. La anciana se había levantado temprano y había ido a vender hierbas al mercado de la ciudad, y se había marchado con tanta prisa que había dejado la cama sin hacer, y el gorro que usaba para dormir sobre la almohada.

“¡Bueno!” -dijo el lobo para sí mismo-, sé lo que haré.

Cerró la puerta, se colocó el gorro de la abuela hasta los ojos, luego se acostó en la cama y pasó las cortinas.

Mientras tanto, la buena Blanchette iba en silencio, como hacen las niñas, divertiéndose aquí y allá recogiendo flores, observando a los pequeños pájaros haciendo sus nidos y corriendo tras las mariposas que revoloteaban bajo el sol.

Por fin llegó a la puerta.

TOC ,TOC.

“¿Quién llama?” Dice el lobo, suavizando su voz áspera lo mejor que pudo.

“Soy yo, abuelita, tu pequeña Caperucita Dorada. Te traigo un pedazo grande de pastel para tu postre del domingo”.

“Presiona el dedo en el pestillo, empuja y la puerta se abre.”

-¿Estás enferma abuelita? -dijo, entrando.

“¡Eh !, un poco, un poco …” -pregunta el lobo fingiendo toser. “Cierra bien la puerta, mi pequeña, pon el cesto sobre la mesa, y luego quítate el vestido y ven a acostarte conmigo, estará muy cansada del viaje.”

¡La buena niña se desnudó, pero no se quitó su Caperucita Dorada de la cabeza y se acercó a la cama.

“¡Oh!” -gritó ella-, ¡cómo te pareces a mi amigo el lobo, abuela!

-Eso se debe a mi gorro para dormir -responde el lobo-.

-¡Oh, qué brazos peludos tienes, abuela!

-Para abrazarte mejor, hija mía.

-¡Oh, qué gran lengua tienes, abuela!

-Para hablarte mejor, hija.

-¡Oh, qué boca y dientes más grandes tienes, abuela!

“¡Eso es para comerme a los niños pequeños como tu!”

Y el lobo abrió las mandíbulas para tragar a Blanchette.

Pero ella bajó la cabeza gritando: -¡Mamá, mamá! Y el lobo sólo mordió su pequeña capucha.

El lobo retrocedió de un salto, llorando y sacudiendo la mandíbula como si hubiera tragado brasas ardientes. Era la pequeña caperucita dorada que le había quemado la lengua hasta la garganta.

La caperucita era la típica caperuza que era mágica y que también servía para hacerse invisible o invulnerable. Así que el lobo con la garganta quemada, saltó de la cama y buscó la puerta, aullando y aullando como si todos los perros del país estuvieran tras sus talones.

Justo en este momento la abuela volvía de la ciudad con el saco vacío.

-¡Ah, bandolero! Le gritó, “¡espera un poco!” Rápidamente abre su saco y lo coloca en el hueco de la puerta, y el lobo enloquecido se mete de cabeza en el saco.

La valiente anciana cierra su saco, y corre y lo vacía en el  pozo, donde el feroz lobo cae y se ahoga.

-¡Ah, sinvergüenza, pensabas que ibas a comerte a mi nieta!

-Bueno -le dijo-, sin mi caperuza , ¿dónde estarías ahora, querida? Y, para restaurar el corazón y las piernas de la niña, le hizo comer un buen pedazo de su pastel, y beber un buen trago de agua , después de lo cual la tomó de la mano y la llevó de regreso a su casa.

Y entonces, su madre la regaño , ya que no había obedecido lo que ella le había dicho.

Pero Blanchette le prometió una y otra vez que nunca más hablaría con ningún desconocido , aunque el pareciera simpático, de modo que al fin la madre la perdonó. Y Blanchette, la pequeña Caperucita Dorada, mantuvo su palabra.

Fin.